Animales en las guerras de los siglos XIX y XX
A lo largo de los siglos, los animales no solo compartieron la vida pacífica de los humanos, sino que también estuvieron a su lado en tiempos difíciles. Caballos, camellos, mulos, elefantes, perros, gatos, palomas, patos, delfines, etc., todos ellos participaron de una forma u otra en operaciones militares. Algunos de manera directa, otros de manera indirecta, pero, de todos modos. Incluso las luciérnagas eran útiles: cuando no había luz, las recogían en frascos y las usaban como lámparas para que los soldados pudieran leer las cartas de casa en la oscuridad total.
Los ucranianos han tomado mucho cariño al perro Patrón, pero no es el único, y no debemos olvidarlo. Miles y miles de cuadrúpedos y peludos viven con los soldados en refugios y trincheras; con los residentes de Kyiv, Odesa, Járkiv, Dnipró y Zaporiyia, en viviendas heladas. Ellos calientan, protegen, salvan, consuelan, y no hay palabras para expresarles toda la gratitud que les debemos.
No obstante, se han escrito decenas de libros en diferentes idiomas sobre los animales en la guerra, se han rodado películas y dibujos animados y se han dibujado cómics que no solo muestran su vida y su servicio junto al ser humano, sino que también ayudan a los niños a comprender la historia. Se han bautizado calles en su honor y se han construido monumentos, pero aun así hay muchas cosas que permanecen en la sombra: su sufrimiento y su silencioso sacrificio.
SARGENTO STUBBY, HÉROE ESTADOUNIDENSE DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Así se llamaba la popular película animada estadounidense de 2018, dedicada al que quizás sea el perro más famoso de la Primera Guerra Mundial. Stubby fue el primer perro ascendido a sargento por su participación en combate. Este perro fue un auténtico héroe, pero su destino estuvo marcado por una gran propaganda, algo en lo que los estadounidenses eran y siguen siendo insuperables. Por eso, es muy difícil distinguir entre uno y otro, sobre todo con el paso del tiempo. Sin embargo, esto no resta mérito alguno a Stubby ni a su extraordinaria personalidad canina.

Sargento Stubby con uniforme militar e insignias; 1950. Foto: Wikipedia
En julio de 1917, unos soldados del 102º Regimiento de Infantería de la 26ª División estadounidense encontraron un pequeño terrier en el campus de la Universidad de Yale. Allí se estaban entrenando antes de partir para Europa. A pesar de la prohibición, el perro fue llevado en secreto al barco y se convirtió inmediatamente en el talismán de los soldados de infantería. Stubby sirvió durante 18 meses y, como parte de la 26ª División, participó en cuatro difíciles operaciones ofensivas en el frente occidental. En numerosas ocasiones salvó a su regimiento de ataques repentinos con gas mostaza, encontró y consoló a los heridos en el campo de batalla y, en una ocasión, supuestamente capturó a un soldado alemán. Una mañana, cerca de Shemen de Dam, el regimiento sufrió un ataque con gas. Stubby fue el primero en percibir el peligro y comenzó a correr por las trincheras, ladrando fuerte y despertando a los soldados dormidos. Pronto resultó herido, pero tras recibir tratamiento volvió al combate.
Stubby era el único al que se le permitía desobedecer impunemente las órdenes del comandante del regimiento, el coronel John Henry Parker. Este era un veterano de la guerra hispano-estadounidense, un comandante bastante severo y un valiente soldado, condecorado con la Estrella de Plata por su heroísmo.

Cuerpo disecado de Stubby en el Museo Nacional de Historia Estadounidense de la Institución Smithsonian. Foto: Wikipedia
Tras regresar a su país natal, Stubby participó en desfiles militares, se reunió con tres presidentes de los Estados Unidos y ganó en tres días de participación en espectáculos más de lo que gana un estadounidense medio en una semana. El héroe de cuatro patas falleció en 1926. El New York Times respondió a su muerte con un extenso obituario. Se escribieron libros y se rodaron películas sobre él. Actualmente, el disecado del sargento Stubby se encuentra en la Institución Smithsonian de Washington.
GATO LLAMADO TOM DE SEBASTOPOL
Por lo general, se considera que el perro es el primer amigo del hombre. Pero los gatos pueden ser igual de valientes y leales. Han demostrado su valía sobre todo en la marina. En los barcos, los gatos eran el terror de las ratas y los ratones, salvando así no solo las reservas de alimentos y evitando la propagación de epidemias, sino también las estructuras de madera y las cuerdas de los barcos. A menudo resultaban heridos y morían junto con la tripulación. Cabe señalar que, durante la Primera Guerra Mundial, los perros, principalmente terriers, cazaban ratas en las trincheras.

Gato Convoy durmiendo en una hamaca a bordo del HMS Hermione. Noviembre de 1941. Murió junto con 82 tripulantes en junio de 1942 cuando el Hermione fue hundido por el submarino alemán U-205. Foto: iwm.org.uk
La historia de este gato es un poco diferente a la de los demás. Es conocido en el Reino Unido como el Gato de Crimea o el Gato de Sebastopol. Llegó a Gran Bretaña junto con los soldados ingleses. Estos lo trajeron a su patria tras regresar de la campaña de Crimea (1853-1856). En septiembre de 1855, tras casi un año de asedio a Sebastopol, los ingleses y los franceses tomaron la ciudad. Las provisiones escaseaban. Un día, el teniente William Gayer se fijó en un gato que estaba sentado tranquilamente sobre un montón de basura entre las ruinas de la ciudad. El gato dejó que el teniente lo cogiera en brazos sin protestar. Así fue como Tom se convirtió en miembro del equipo de transporte del 6º Regimiento de Dragones, donde Gayer era subcomisario adjunto. Al poco tiempo, los oficiales notaron que el gato rayado tenía buen aspecto, aunque la comida y el agua que se les daba era muy escasa. Pensaron que el gato cazaba ratones. Pero los británicos pensaron más allá: si hay ratones, ¡también hay comida en algún lugar! Los soldados comenzaron a seguir al gato y este los llevó a los almacenes de alimentos que los rusos habían escondido en la zona de los muelles. Así que el gato Tom, si bien no salvó la vida de los británicos, la mejoró considerablemente. Al terminar la guerra, Gayer se llevó al gato con él, pero este murió poco después. En memoria de su mascota, el teniente hizo un disecado con él y lo regaló al Instituto Real de Estudios de Defensa. No se sabe qué pasó después, pero en los años 50 del siglo XX, el desecado de Tom apareció en un mercadillo, donde lo compró una señora respetable. En 1958, el Tom de Crimea fue trasladado al Museo Nacional del Ejército, donde se encuentra actualmente. Sin embargo, no hay una garantía absoluta de que se trate precisamente del Tom de Crimea.

Presumiblemente un desecado de Tom de Sebastopol. Foto: Museo Nacional del Ejército, Londres.
WOJTEK, HÉROE DE MONTECASSINO
Durante la Segunda Guerra Mundial, el oso pardo sirio Wojtek luchó en el 2º Cuerpo Polaco, en la 22ª Compañía de Artillería. En abril de 1942, los soldados polacos del ejército de Anders, que luchaban en el ejército británico, cambiaron al pequeño osezno por comida sencilla a un niño iraní. Lo alimentaban con leche condensada y dormía en el pecho de uno de los soldados. Poco después, el segundo cuerpo fue trasladado de Irán a Palestina, luego al norte de África y más tarde a Italia.

Wojtek con el soldado polaco. Foto: iwm.org.uk
El oso fue registrado oficialmente: se le asignó el rango de cabo, un número, una libreta de sueldos y se le proporcionó ración. Transportaron a Wojtek en un camión dentro de una jaula de madera, aunque al oso le gustaba sentarse en la cabina para estar cerca de las personas. Lo mismo ocurría con dormir: cuando tenía oportunidad, abandonaba su guarida y se metía en la tienda de campaña de alguien, donde le recibían con alegría. Los soldados enseñaron a Wojtek a saludar a los oficiales superiores, a marchar y a luchar. En la lucha siempre salía victorioso, pero nunca hacía daño a los soldados. En cambio, tras derribar al vencido, comenzaba a lamerle la cara. Sin embargo, también tenía malos hábitos que sin duda no habrían gustado a los defensores de los animales: a Wojtek le enseñaron a beber cerveza y a fumar (aunque, más bien, no fumaba, sino que simplemente masticaba cigarrillos). Su “bautismo de fuego” fue la batalla de Monte Cassino en Italia (1944), una de las cuatro sangrientas batallas en las que se rompió (gracias a los polacos) la línea de defensa de los nazis y se tomó Roma. Según las leyendas, el oso, que en ese momento medía 1,82 m y pesaba más de 220 kg, ayudaba a descargar camiones con municiones bajo el fuego enemigo. No se sabe si es verdad o no, pero lo que sí es un hecho es que el animal tenía un efecto súper positivo en la moral de los soldados.

Monumento a Wojtek en Edimburgo. Foto: Wikipedia
Una vez finalizada la guerra, cuando el Ejército Rojo ocupó Polonia, los soldados polacos del ejército de Anders no pudieron regresar a su patria. Fueron enviados a Escocia. Tras su desmovilización en noviembre de 1947, el zoológico de Edimburgo, en Escocia, acogió al cabo Wojtek. Allí no logró establecer contacto con otros osos, ya que, al fin y al cabo, había crecido entre humanos. De vez en cuando, sus antiguos compañeros de combate visitaban al cuadrúpedo. Al oír hablar polaco, Wojtek reaccionaba inmediatamente con alegría. Se convirtió en una auténtica celebridad local. Se habló de él en la BBC y se escribió sobre él en los periódicos. El oso murió en 1963, a la edad de 22 años. No se le olvida: solo en Polonia hay una decena de monumentos dedicados a Wojtek. Y también en Inglaterra, Escocia e Italia. Además, se escriben libros, se montan obras de teatro, se crean juegos, se ruedan películas y dibujos animados. Así, incluso después de su muerte, el legendario oso sigue sirviendo a la gente. Solo que en otro frente.
SARGENTO MAYOR RECKLESS, HEROÍNA DE LA GUERRA DE COREA
Durante la Primera Guerra Mundial murieron aproximadamente ocho millones de caballos. Tras su finalización, cientos de miles fueron vendidos por personas desagradecidas al matadero. A veces se producían auténticos dramas, cuando un soldado tenía que separarse de su compañero de armas, que le había salvado más de una vez en combate y con el que había pasado por la trituradora de la guerra. Un caballo no es un perro, no lo puedes llevar a tu apartamento, aunque quisieras. Con el desarrollo de la tecnología militar, los caballos se utilizaban cada vez menos en las operaciones de combate, pero seguían utilizándose.

Sargento Reckless ascendiendo al rango de Sargento Mayor. 1959, Cuerpo de Marines de los EE.UU. en Camp Pendleton. Foto: Wikipedia
La sargento Reckless, una yegua de raza mongola, sirvió en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos durante la Guerra de Corea (1950-1953). La compraron por 250 dólares a un joven coreano. Triste ironía del destino: él necesitaba urgentemente el dinero para una prótesis, ya que su hermana había pisado una mina y perdido una pierna, y los marines estadounidenses necesitaban urgentemente un animal de carga para transportar nuevas minas. Rekless resultó ser extremadamente inteligente y valiente: no temía el combate y memorizaba muy rápidamente nuevas rutas por las que podía ir sola, sin acompañantes. En marzo de 1953, durante la batalla por el puesto avanzado de Vegas, realizó 51 incursiones independientes para reabastecer de municiones a varias unidades en el frente. También transportó a los heridos a la retaguardia, llevó provisiones y ayudó a tender cables telefónicos. Durante sus nueve meses de servicio, la yegua resultó herida en dos ocasiones. Reckless destacaba no solo por su valentía, sino también por su carácter sociable. Se movía libremente por el campamento, comía absolutamente todo lo que le daban: incluso huevos fritos, patatas fritas y barritas de chocolate; bebía cerveza y Coca-Cola. Le encantaba ser el centro de atención. Cuando veía que no le prestaban atención, podía abrirse paso entre el grupo de marines, colocarse en medio y relinchar ruidosamente. Tras su desmovilización, Reckless recibió numerosos premios y la revista LIFE la incluyó entre los cien héroes estadounidenses de todos los tiempos. En 1959 fue ascendida oficialmente a sargento mayor. Murió en mayo de 1968, después de haber parido cuatro potros. En su honor se han erigido varios monumentos en Estados Unidos y se ha colocado una placa conmemorativa en los establos del campamento base de los marines de Pendleton.
EL MUNDO ESTÁ APRENDIENDO A HONRAR LA HAZAÑA DE LOS ANIMALES EN LA GUERRA. UCRANIA TAMBIÉN DEBE HONRARLOS
Palomas que volaban a través del humo y las llamas de las batallas, salvando ciudades y personas con las noticias que traían; perros que olfateaban minas o se lanzaban, atados con granadas, bajo los tanques; mulos que recorrían cientos de kilómetros por barro impenetrable o bajo un sol abrasador para llevar alimentos o municiones a la gente... Este incontable ejército de seres vivos jugó un papel importante durante los sangrientos conflictos militares desatados por los humanos. Solo unos pocos se hicieron famosos. Los demás perecieron o murieron solos, en agonía, abandonados por los humanos que los utilizaron y luego los abondonaron.
Se sabe que durante la guerra de Vietnam (1959-1975) los perros de combate eran sacrificados o simplemente abandonados. Fueron necesarios 50 años para que el Congreso de los Estados Unidos aprobara en 2001 una ley que prohíbe la eutanasia o el abandono de los perros después de su servicio en el ejército. Esto fue posible gracias a la postura activa de ciudadanos comprometidos, en particular el veterinario Bill Patney, un exoficial de la Infantería de Marina, quien desarrolló un curso especial de rehabilitación y reeducación de perros para reintegrarlos a la vida civil.
En Inglaterra, en 1943, se creó la medalla Maria Dickin, la más alta distinción para los animales. La medalla está hecha de bronce y tiene una corona de laurel con las inscripciones: “Por su valentía” y “Nosotros también servimos”. Además, en Londres hay un monumento dedicado a todos los animales que sirvieron y murieron bajo el mando del ejército británico a lo largo de la historia, llamado “Animales en la guerra”. Fue inaugurado en noviembre de 2004 con la participación de la familia real.

Fragmento del monumento conmemorativo "Animales en Guerra" en Londres. Foto: Wikipedia
Los animales en la guerra demostraron inteligencia, lealtad, resistencia y, además, con su presencia hicieron más humana la vida de los soldados en condiciones inhumanas. Se merecen nuestra lealtad y nuestro amor.
No nos olvidaremos de nuestros amigos de cuatro patas que actualmente luchan en el frente de la Gran Guerra de Ucrania contra un enemigo feroz. También necesitan una ley similar a la estadounidense, porque solo los inhumanos son capaces de abandonarlos a su suerte. También hay que erigirles monumentos y rodar películas sobre ellos. Es el deber de los vencedores y, simplemente, de la gente decente.
Svitlana Shevtsova, Kyiv
Primera foto: Un gato de barco asomándose por la boca de un cañón de 6 pulgadas a bordo del crucero ligero australiano HMAS Encounter. Primera Guerra Mundial. Foto: iwm.org.uk