Nuevas sanciones: Rusia no se arriesga a apostar todo

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Ukrinform
Sobre el optimismo de la cuestión de si el Kremlin se atreverá ahora  a una gran guerra contra Ucrania

Por consiguiente, las sanciones antirrusas se han convertido en una ley de los EEUU. Donald Trump la criticó y  advirtió un poco, pero al fin y al cabo ha puesto su firma. En términos generales, es obvio que  amenaza representa la nueva política de Washington para Rusia (pues, es un cambio fundamental en la política anterior de Occidente a una amplia cooperación económica y política con el Kremlin), la cual tendrá que seguir Europa: a Rusia le expulsan al “segundo plano” de la política mundial, la equiparan con tales países “tóxicos” como Irán y Corea del Norte. Y debido a que la economía rusa,  y, en consecuencia, el régimen político ruso, no son capaces de sobrevivir y desarrollarse sin “patrocinio” tecnológico y financiero de Occidente, la perspectiva de un colapso universal  asomó bastante al Kremlin, aunque ciertamente no pasará mañana.

Por supuesto, el Kremlin es consciente de la escala de la amenaza. La evaluación de la situación expresada por el primer ministro de Rusia, Dmitri Medvédev, resultó en ocasiones sorprendentemente prudente y lógica: “El régimen de sanciones continuará por decenios, si no se produce un milagro. Y va a ser más duro que la enmienda Jackson-Vanik, porque tiene una naturaleza integral y no se puede postergar  por órdenes especiales del presidente sin el consentimiento del Congreso. Por consiguiente, las relaciones entre Rusia y los EEUU serán en extremo tensas sin importar la composición del Congreso o la personalidad del presidente”.

En una palabra, el Kremlin está siendo empujado a un callejón sin salida casi en todas las direcciones, y lo entienden. Por lo tanto, esto plantea una pregunta muy aguda para Ucrania y los ucranianos: ¿Se atreverá el Kremlin, por la desesperación, a una opción como un ataque militar fuerte y relámpago por Ucrania para cerrar para sí mismo la “cuestión ucraniana” de una vez por todas (les parece)?

Absolutamente no es necesario descartar tal paso, y, por desgracia, todo puede suceder, pero ahora parece irreal. Señalemos que no se trata de aumentar los bombardeos en el frente, ni de una operación local para tomar otro pedazo de territorio ucraniano (estas acciones sólo añadirán problemas innecesarios a los rusos en las relaciones con Estados Unidos y Europa y no resolverán la  “cuestión ucraniana"). Se trata de una gran guerra con una amenaza real a la existencia del estado ucraniano.

Primero, una guerra abierta con Ucrania es jugarse todo a una carta, y Rusia todavía no se encuentra en una situación de actuar según el principio “todo o nada”. Una ofensiva militar contra Ucrania es demasiado peligrosa para la propia Rusia debido a la imposibilidad práctica de calcular las consecuencias de esta acción. Nadie y nada les dará a los rusos una garantía de la victoria, cuanto más que el ejército ruso no es tan fuerte como el soviético, y el ejército ucraniano no es tan fuerte hoy como lo era hace tres años. Hay una alta probabilidad de que la reacción del mundo, especialmente, de los EEUU y la UE, también sea fuerte y relámpago, sobre todo, en forma de un apoyo inmediato y serio a Ucrania con armas y otros recursos materiales, por no mencionar el fortalecimiento inmediato de las sanciones anti-rusas al máximo, y eso significa una cierta muerte del régimen del Kremlin. Sin embargo, no hay que subestimar el instinto de autopreservaciónde los líderes del Kremlin. Es solamente en el publico desempeñan como “loco Zhirinovski” capaz de cualquier acto imprudente y suicida del que los países normales sufrirán inevitablemente. En la práctica, son bastante prudentes y cuidados, no les gustan los pasos arriesgados.

Segundo, el Kremlin todavía tiene una cierta reserva de herramientas para contrarrestar la nueva política estadounidense. Todavía no está claro cómo se aplicarán estas sanciones. Recordemos las palabras de Donald Trump después de la firma de la ley: “Mi administración espera particularmente que el Congreso se abstenga de usar esta defectuosa ley para obstaculizar nuestro importante trabajo con los aliados europeos para solucionar el conflicto en Ucrania, ni para entorpecer nuestros esfuerzos para enfrentar cualquier consecuencia no deseada que esto pueda tener para los negocios, los amigos o los aliados de EEUU”. Además, los rusos seguramente tratarán de aprovechar los obvios desacuerdos sobre las sanciones antirrusas entre los Estados Unidos y la Unión Europea para debilitar significativamente su efecto. Para Rusia, lo más importante para el futuro cercano es soportar sanciones durante el mayor tiempo posible sin concesiones por su parte, esperando que con el tiempo, las circunstancias se presenten en la situación internacional ("un milagro", como lo expresó Medvedev) que conducirá a la cancelación de sanciones o al menos a su considerable debilitamiento. El margen de seguridad del sistema político ruso, y por lo tanto del actual régimen político en Rusia, sigue siendo sólido, no se agotará mañana ni siquiera después de mañana. Esto puede tomar años, y durante este período, por supuesto, cualquier cosa puede suceder. Y por eso, cree el Kremlin, no se debe impedir la posible aparición de dicho "milagro" por acciones agudas como una ofensiva militar a gran escala contra Ucrania, que obligará al enemigo (Occidente y Ucrania) a actuar también agudamente, es decir, ejerciendo una presión máxima sobre Rusia. Entonces, las sanciones, aún más recientes que las actuales, pueden parecer encarcelamiento contra la reprimenda verbal. Al menos, esta lógica de comportamiento es más obvia para el actual Kremlin.

Tercero, todavía hay una esperanza, aunque sea ilusoria, para Trump. El presidente estadounidense no  oculta su descontento con la ley, que tuvo que firmar. Durante seis meses en el cargo, Trump se mostró a ser una persona de ideas afines de Putin en cuanto a lo que deben ser los poderes reales y las capacidades de la primera persona del Estado. Hasta ahora, el sistema político estadounidense ha superado con éxito estas inclinaciones "dictatoriales" de su presidente, y esperamos que esto continúe. Sin embargo, el Kremlin, por supuesto, espera que no lo haga. La ofensiva militar contra Ucrania enterrará ciertamente estas esperanzas para Trump.

Por último, tenemos que recordar que la salida final de Ucrania de la influencia política de Rusia sólo ocurrirá cuando tengamos una nueva democracia europea absolutamente opuesta a los principios post-soviéticos del sistema político ruso. Hasta que los sistemas políticos rusos y ucranianos sean hermanos gemelos (corrupción sistémica, tribunales dependientes, poderes ejecutivos y legislativos indivisos, debilidad franca de la sociedad civil, escasa clase media, economía oligárquica, etc.), no es necesario decir que Ucrania ha puesto fin al pasado colonial y se ha convertido en un Estado independiente de Rusia. Y no debemos ser engañados por la guerra y otras disputas ruso-ucranianas a nivel de demandas, guerras comerciales y de propaganda, sanciones, prohibiciones, etc. Los principios de la construcción y funcionamiento del sistema político son las categorías mucho más estables que incluso una guerra abierta, que puede terminar en un abrir y cerrar de ojos. El plan del Kremlin para preservar en Ucrania el sistema político que es la continuación y creación del ruso es un medio mucho más confiable para ellos para controlar Ucrania que el plan de un ataque militar. Estamos salvados en cierta medida por la comprensión del Kremlin de la verdad obvia de que un ataque militar contra Ucrania en caso de que resulte fracasado, rápido y completamente destruirá el sistema político existente en Ucrania en favor de un democrático, de acuerdo con los estándares occidentales.

Todos estos factores juntos nos dan optimismo sobre la cuestión de si el Kremlin recurrirá a una gran guerra contra Ucrania. Sin embargo, por supuesto, esto no significa que ya no necesitamos  fortalecer nuestro propio ejército tan pronto como sea posible.

SM

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